miércoles, 1 de diciembre de 2010

Flia.Andersen-Murúa (ellos también hicieron Copetonas)

Aviso de 1987
Murua frente a la herrería

En el Reta, las dos familias.

Los Murua-Andersen y familiares.
Liliana y su cumple.

Jorge, adelante, de medias estampadas.

Hermosa foto familiar,frente a la casa
de Margarita y Willy.

Casamiento de Liliana y Arturo.
Eugenio, Vanina y Emmanuel
hijos de Liliana y Arturo, hace algunos añitos.
Las familias Murua-Andersen,
en la década del ´60.


Francisco Murúa llegó a Argentina en 1922. Tenía apenas 17 años, y procedía de Gaviría, en la provincia vasca de Guipúzcoa. Viajó con familiares, que se quedaron en la ciudad de Buenos Aires, pero él, movido por otros intereses, recaló en Copetonas, que por entonces crecía a ritmo muy sostenido. Trabajó en el campo de José Aldasoro un tiempo, en la estancia "La Manuela", donde ya trabajaba su tío Joaquín Izaguirre . Diez años después, ( el 30 de abril de 1932), se casaría con Elvira Serna, nacida en Tres Arroyos en 1911, y domiciliada en nuestra localidad junto a su familia desde 1914. De ese matrimonio nació su única hija, Margarita, en 1933.
El 12 de febrero de 1953, Margarita contrae enlace con Willy Andersen, perteneciente a una numerosa familia del vecino pueblo de Oriente. Y de esta unión, en el año ´55 nacería Jorge Oscar, y en el ´57 Liliana Ethel.
Don Francisco Murúa tuvo largos años una herrería, sobre la calle principal, y en el ´61 refaccionó el local para dedicarse a tornería, bicicletería y anexos.
Ni Francisco ni Elvira viven hoy, pero tuvieron una larga vida de provecho y de bien que seguramente atemperará el dolor de las ausencias.
Mientras tanto, su yerno, Willy, cruzando la calle , trabajaba en la herrería de su propiedad. Pero Margarita no estaba quieta: también ella puso en el local de esa vivienda familiar, despensa, fiambrería y verdulería. Siempre sobre San Martín, la principal arteria de Copetonas, Margarita estuvo en esos rubros ¡42 años!
Ya retirados de sus actividades, construyeron un coqueto chalet a una cuadra del anterior domicilio, pero el infortunio sorprendió a la familia, y el 21 de diciembre de 2009 pierden al jefe y pilar de ese hogar.
Si sirve de consuelo, al menos parcial ante lo irreparable, debo decir que hay una familia hermosa detrás de esta historia, que es orgullo de Margarita.
Pero veamos esa familia: Jorge, que trabaja de camionero, se casó con Analía Kristensen y tuvieron dos hijas: Alesia, quien es Ingeniera Agrónoma, y Astrid, hoy Bioquímica.
Por su parte, Liliana, que es Secretaria Terciaria y Bibliotecaria, se casa con Arturo Monforte, y a este matrimonio la cigüeña viene tres veces: la primera trayendo a Eugenio -32 años, diseña páginas web-, la segunda para traer a Vanina - Contadora Pública-, y por último llega con Emmanuel, -28 años, Visitador Médico, futbolista y hoy empleado en una agencia de automóviles-.

Muchos sacrificios han hecho todos para estos logros, pero la base principal fué que, desde el primero al último, siempre comprendieron que la familia es la matriz ética y moral.














martes, 30 de noviembre de 2010

Notitas de color ( Norita Erreguerena y yo )

Cuántas cosas me han pasado! En este caso, involucré a una amiguita, hace muchos años ya. Yo iba a hacer una compra en la carnicería de Juan Ardanz, que quedaba a dos cuadras de casa, sobre lo que es hoy Avda. San Martín e/ Independencia y La Rioja.
Cuando llego a la puerta del comercio, sale Nora Erreguerena, amiga algo mas chica que yo. (Bueno, a esta altura de mi vida, todos son más jóvenes que yo). Pero, las dos éramos unas nenas. Norita ya había comprado carne, y la llevaba dentro de una primorosa canastita, calada, plástica, que estaba de última moda. Y la colgó del manubrio de su hermosa bicicleta, también nuevita, brillante...
Había llovido, y esa calle se ponía de cuneta a cuneta, un solo barrial; todavía no había asfalto. Sólo había una franja de tierra en el centro de la calle, que parecía más seca.
Yo no sabía andar en bici, pero a ésta mas chicuela, me le animaba, además, qué ganas le tenía!
Y sí, se la pedí. Y Norita , buena ella, me la prestó. Yo encaré por el único lugar que , me pareció, se podía cruzar: la franja del centro. Y ni bien estuve encima de ese hilo de tierra, la bici se deslizó hacia un costado, cayendo con todo en el charco de barro líquido que anegaba la calle.
De ahí en más, todo fue devolver la chorreante bicicleta a mi amiga, con el no menos chorreante canastito, con la carne en idénticas condiciones, y yo salir toda marrón hacia lo de tía Esther, a media cuadra de ahí, para lavarme un poco.
Claro, fue verme mi tía, y ¡ darme un baño completo !, tal era el estado deplorable de mi persona. Mandó a su hija, mi prima Estercita, a buscar ropa a mi casa, contándole a mi madre lo que me había pasado.
No me pegaron. Pero no puedo olvidar a Norita, y siempre pienso si la viera, le pediría perdón, a pesar del tiempo transcurrido, porque su mamá la debe haber castigado.

Notitas de color (3) El pescador pescado.

En los pueblos suceden pequeñas historias, a menudo intrascendentes, pero que con el tiempo, se transforman en hechos inolvidables.
Sucedió hace unos cuantos años, y el protagonista fue uno solo.Todavía me hace mucha gracia pensar en la situación, pero para el que la protagonizó, fue un episodio muuuy incómodo.
Luis Casabone trabajaba en la Cooperativa Agrícola, donde yo también era empleada. Cuando no había clientes, día tras día, Luis armaba líneas de pescar. Así, aquí ponía una boya, más allá un mosquetón, mas abajo un anzuelo, etc. Y así seguía, pasando las horas serenamente...
Pero tenía la costumbre de cortar con los dientes la tanza, después de cada nudo. Y ese día de oprobio para Luis, zafó la tanza, corrió por sus labios, y enganchó a la pasada el anzuelo en la parte inferior. Y ya se sabe, anzuelo que entra, si no se corta la carne, no sale.
Pobre Luis! , me parece verlo, con el anzuelo clavado en su labio inferior, todavía con la tanza colgando, de muy mal humor, atravesando las calles rumbo al consultorio del médico, para que lo librara de ese doloroso y, -para nosotros- desopilante apéndice.