lunes, 4 de abril de 2011

Flia. De Bustinza- Rivas (ellos también hicieron Copetonas)

Comisión de Fomento . Abajo, de anteojos,

don Manuel De Bustinza.

Imágenes extraídas del libro del cincuentenario.



Palco y Comisión de Fomento. A la derecha,

don Manuel. Imagen extraída del libro

del cincuentenario.



Casa donde vivió la familia



Hay familias que no pueden estar sin ser mencionadas, cuando hablamos del desarrollo de Copetonas. Ese es el caso, por ejemplo, de la familia De Bustinza. El tronco de esa familia fué don Manuel De Bustinza Fernández, bilbaino, ( o debería decir bochero?), era familiar lejano de ese inigualable poeta que fue Baldomero Fernández Moreno, que escribió poemas sobre todo , con una sencillez y belleza sin límites. Llegó a Argentina siendo un jovencito, empezó a trabajar en Cascallares, en el almacén de Mendiberri e Iturraspe. Mas tarde, Mendiberri decide abrir una sucursal en Copetonas, y envía Manuel a trabajar en ella, instalándola en el inmueble que, años más tarde, sería la sede de la cooperativa agrícola, sobre Diagonal Sur. La casa Mendiberri en nuestra localidad se funde y la cierran. Tiempo después, De Bustinza empieza a trabajar en la cooperativa agrícola, y allí se jubila. En Copetonas, Manuel conoce a Julia Rivas, y contrae enlace con ella. De esa unión nacerían Almita (Chicha) y Eve Ana. Almita se casa con Brunand, y tienen dos niñas: Graciela Julia (Fifí), y Ana Adela (Analía). A su vez, Fifí tiene tres hijas: Cecilia, Mónica e Ivana. Y Analía trae al mundo a Juan Manuel y a María José. Estos cinco son entonces los nietos de Almita. Por otro lado, Eve, también se casa y tiene dos hijos: Biviana y Javier. Javier permanece soltero, pero Biviana se casó y le dió a Eve dos nietas: Azul y Sol. Eve ya no vive. Volviendo a don Manuel, fué un hombre comprometido con todas las instituciones del pueblo; baste decir solamente que en la comisión de la Sociedad de Fomento estuvo 40 años como tesorero. Fué un hombre bueno, de carácter dulce, y de esa manera lo recuerda Almita, quien dice que para ellas (esposa e hijas), era como un prócer. Y es que a pesar de estar siempre dispuesto a colaborar con toda institución pública, él era hombre de familia por sobre todas las cosas, y así lo recuerdo yo también: cuando él se enfermaba, su esposa, doña Julia, se acostaba a su lado y le tomaba la mano, hasta que él curara. Vivieron en distintas viviendas, pero la última fué la que aún conserva la familia, sobre la calle principal. Esa vivienda que, -recordarán los de cierta edad,mas o menos como yo, -tuvo por años una construcción octogonal en su vereda, muy original. Esa construcción, bien hecha, de ladrillos, fué originalmente levantada como quiosco para que la explotara un anciano ciego. Del anciano no me acuerdo, pero sí de los corsos en esa calle, frente a ese quiosco, al cual acudíamos para comprar serpentinas y otros artículos de carnaval. Hace ya muchos años que desapareció dicha construcción.
Y quiero aclarar lo de "bochero" , para despejar cualquier duda. A todos los nacidos en Bilbao se les llama así, ya que esta ciudad está en una depresión, un pozo o bocho.

domingo, 3 de abril de 2011

La visita de CopetonasTurismo Rural




Por fin nos vimos personalmente! Hasta hace pocos días, María Elvira y yo, sólo éramos amigas virtuales. Me refiero a María Elvira Ochoa, a quien conocí a través de su trabajo en Copetonas Turismo Rural. Estaba yo en Copetonas, en casa de papá, en estos últimos días de marzo, cuando veo que llega un vehículo y aparca en la entrada, con dos chicas. Ante el interés manifiesto de parte de ellas de preguntar algo, me aproximo y me doy cuenta que al menos a una de ellas conozco, por internet.¡Era María Elvira! Fue lindo conocerla personalmente. Pero venía acompañada por Carolina Verkuyl, puesto que habían llegado al pueblo para asistir a una reunión de trabajo.
En el pequeño vestíbulo de papá charlamos de todo un poco, pero muy especialmente de los proyectos que las moviliza por estos tiempos: la creación de un museo en Copetonas, y la restauración y preservación de, al menos, uno de los ranchos de adobe que tenemos allí.

Por el proyecto del museo, tuvieron a la semana otra reunión en la casa que les interesaba como sede para el mismo: aquella que fuera peluquería y tienda de la familia Lo Presti. Un lugar céntrico, amplio, bien ubicado. Hoy no se si ya fue descartado o todavía están en tratativas.

Y con respecto a los ranchos, que están casi todos en estado deplorable, se procura la declaración de los mismos como patrimonio arquitectónico-histórico-cultural, su restauración y preservación y para ello se trabaja mancomunadamente con la delegación municipal.

Cuando publiqué mis post sobre los ranchos, yo sostenía que había que hacer esfuerzos para restaurarlos, porque nos hablan de un pasado que debemos conocer, que deben conocer sobre todo los más jóvenes, y además nos explican nuestra propia identidad.

Y recuerdo que aventuré de la idea hacer un museo en uno de ellos, por practicidad y economía.

Por último, agrego una foto para la posteridad, donde están Carolina, María Elvira y mi padre, (yo también estoy, pero sacando la fotografía.)

viernes, 1 de abril de 2011

Por fin, agua buena!

El diario La Voz del Pueblo, en su edición de hoy, dice textualmente: ABSA informó que desde ayer a la mañana se encuentra funcionando a pleno la nueva planta de abatamiento de arsénico en la localidad (de Copetonas). La obra, según se indica, optimizará la calidad del agua, a la vez que incrementa en un 140 % la cantidad del líquido tratado. Parece que, de esta manera, concluye una larga historia de reclamos, negaciones, y finalmente promesas de vender agua que no esté envenenada, a la población de Copetonas.