Hace muchos, muchos años, don Enrique Merlo, que vivía enfrente de casa con toda su familia, se descompuso de muy mala manera. Llamaron al médico de urgencia y gracias a Dios, superó el trance. Pero en cuanto pudo hablar, ( y una vez retirado el doctor), susurró con un hilo de voz: un tarito..., un tarito, allá en el patio, enterado..., un tarito...
Fueron a ver en el lugar indicado, y allá estaba!! Un tarrito, enterrado, algo oxidado, con mucho dinero!
Es que este italiano, fiel a la costumbre de los inmigrantes, había ido guardando pesito a pesito, y ni su buena esposa María sabía de ello.
De haber sido otro el desenlace de su patatús, nadie habría sabido de ese pequeño capital, enterrado allí, en el patio del hotel.
Este es, papá, el libro que no fué.Te acordás con qué ilusión, con qué entusiasmo, plasmaste tus recuerdos en un cuaderno? Yo no podía permitir que se perdiera todo eso ,y decidí empezar este blog, en homenaje a tus hermosos 91 años, por tu vida honrada y también por la de mamá, que desde algún lugar nos acompaña.Ojalá, papá, así lo entiendas.Será como entender mi corazón. (Aquí también mi homenaje a tantos hombres y mujeres que HICIERON Y HACEN COPETONAS)
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domingo, 26 de diciembre de 2010
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