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lunes, 7 de julio de 2014

Copetonas entre los años 1950/1960 (manzana N° 15 )

La manzana N° 15 está enmarcada por las calles Tucumán,  Av. Belgrano, Misiones e Independencia.
Como en cada una de estas entregas, nos apoyamos en los relatos de Ernesto Sierra, quien nos lleva a esa época, con su asombrosa memoria.


Casa que fue de Poulsen, algo modificada.


Otra vista, misma casa.

Y otra imagen de la que era casa de Poulsen.


Empezamos, pues, por la primera calle mencionada: Tucumán.
Vemos una vivienda ocupada por dos hermanos solos, sin mujeres ni hijos:Juan y Albert, de apellido Jhesersen, dinamarqueses *. Ellos vendían verduras y miel.
Doblando hacia Av. Belgrano, aparece la familia Berrutti, y unos metros mas adelante, Martín Dib y familia.
Ya sobre Misiones, Ricardo Poulsen, su esposa Carmen y su hija María Inés, ocupan una vivienda que, con los años, cuando esta familia emigra, es hogar de Nico Rasmussen.
El terreno contiguo es para la casa de la familia de Valerio Villarreal, su esposa María y sus hijos.
Y por la calle Independencia, sólo la casa de la familia Vergara.


* Nota: Fue difícil encontrar el apellido de los hermanos Juan y Alberto, así que fuimos preguntando a distintas personas, sin éxito. Finalmente, llamé a Mirta Ostiza, y ella me solucionó el problemita, inmediatamente. Si bien este es un trabajo en base a la memoria de Ernesto Sierra, una colaboración de este tipo, siempre es muy bienvenida. Gracias, Mirta!!

jueves, 17 de mayo de 2012

Ricardo Poulsen y familia. (ellos también hicieron Copetonas)

Escribo sobre esta familia, en base a los recuerdos que tengo, ya que hace años perdí contacto con ellos. Pero vivieron tanto tiempo en el pueblo, que merecen una mención. Además, nos frecuentábamos, éramos amigos.
Ricardo Poulsen, el jefe de familia, era un dinamarqués que trabajaba en el campo, y en sus últimos tiempos era camionero. Su señora, Carmen  Augaard, de ascendencia también dinamarquesa, y dos hijos, Carlos  y María Inés, conformaban el grupo familiar. Vivían en una casa sobre la calle Misiones, entre Independencia y Avda. Belgrano.. La casa constaba de gran terreno, y lindaba con la de Valerio Villarreal y su numerosa familia. Todo era planta baja, salvo una pieza que por sobre la cocina habían construido, pero con la particularidad de tener su puerta de acceso, hacia atrás, sin escalera alguna. Por tanto, en el exterior se le apoyaba una escalera de una hoja, de madera, para subir a ese lugar. Para que habían hecho una habitación arriba, sin acceso incluido? Quien la hizo?  Yo no lo se.
 Estoy hablando de la década del sesenta. María Inés tenía unos años (pocos), mas que yo, por lo tanto, fuimos amigas. Y nuestras madres entre ellas también. Yo iba cada tarde a leer revistas, pero a ese lugar mágico que era la pieza de arriba. Allí, despojado de todo mobiliario, aparecía un recinto de paredes recubiertas de arpilleras, caleadas, y en ese espacio blanquísimo, sobre el piso, plumones y revistas, revistas y revistas!!
 Que atracón de lectura nos dábamos! Parece mentira, ( ya lo he contado otras veces), eran tiempo de esfuerzos económicos para todos, pero a nadie le faltaba una monedita para comprar Idilio, Nocturno, Billiken, revistas de moda, Mecánica Popular, La chacra,etc.,etc.,etc.

María Inés Poulsen
El tiempo pasó, inexorablemente, y María Inés se hizo señorita antes que yo. Trabajaba de modista, con precisión y prolijidad extrema.
Mientras, Ricardo, padre de María Inés había tenido un accidente. Ese infortunado accidente le causó una quemadura, que con el tiempo se transformó en úlcera y que nunca cerró. Finalmente, mucho tiempo después  Ricardo falleció creo que a causa de eso.
 Primero fue el hermano de  María Inés, luego ella  y despues su mamá,  que decidieron ir  a vivir a Bariloche. Allí María Inés se casó muy bien, y volvió varias veces al pueblo.
Con los años, perdí contacto con ella, pero, esté donde esté, le envío este recuerdo  porque aunque no sepamos de ellos hoy, TAMBIEN HICIERON COPETONAS!


sábado, 15 de enero de 2011

Aquellas viejas publicaciones...

1953





1958

Lino Palacios dibujó muchas tapas de Billiken






1955


19 62

19 38













19 60

19 54

El fantasma Benito







19 61





19 64


No se si en general, los lectores de este blog pueden imaginar siquiera, qué locura por la lectura que había en mi hogar paterno! Y lo digo porque se que muchos de ellos son jóvenes, y viven otras realidades, aquellas que nosotros no teníamos: televisor, celulares, juegos electrónicos, computadoras, etc.Vuelvo concretamente a nuestras horas de lectura, en las que leíamos lo que llegaba a nuestras manos. Las revistas, a pesar de nuestro pasar económico,(exiguo y medido) , eran mucho más fáciles de comprar que hoy día ; y esa facilidad se repetía en todos los hogares del vecindario. Juancito- mi hermano- y yo , leíamos historietas , o revistas para el campo o utilitarias para el hogar,(reparaciones, jardín, cocina, moda, manualidades,etc.), en realidad lo que cayera en nuestras manos, salvo que hubiera muchas para elegir, y ahí sí, había prioridades. Y mamá era apasionada de las fotonovelas y manualidades ( en ese orden), y después todo lo demás. Compartíamos esa pasión con, por ejemplo, Carlitos Larsen. Vivía a pocos metros de casa, y lo que mas le gustaban eran las novelas de amor, por lo tanto compraba muchas revistas de fotonovelas. (A esta altura quiero decirles a los mas jóvenes, que como no había otra cosa para disfrutar el género de las novelas románticas, -salvo el cine-, se fotografiaban las escenas entre los actores y se secuenciaban, casi igual al cine, pero en papel). Bueno, Carlitos, al igual que María Inés Poulsen,( en casa de los Poulsen había una habitación alta a la que sólo se accedía por una escalera apoyada en la pared exterior, y en ella, -desprovista de muebles-, cientos de revistas cubrían el piso.¡Qué paraiso!), las chicas de Toribio, y alguna otra persona que no recuerdo claramente, llegaban a casa con 10 o 15 revistas, y hacíamos el intercambio: "trajiste tantas?, tomá, llevate igual cantidad." Así todos gastábamos menos, y las revistas rotaban, sin faltarnos jamás material de lectura. Pero, cuando llegaba esta cantidad de revistas, las desparramábamos sobre la mesa de la cocina, elegíamos con desesperación, para quedarnos antes con la que mas nos gustaba, y mientras leíamos una con un ojo, con el otro estábamos vigilando la próxima que queríamos leer. Mi hermano, jovencito, trabajaba en la herrería con papá, -herrería que estaba adosada a la casa-, así que cuando veía el ingreso de material de lectura, se iba a ver lo que había y se quedaba en la cocina, lugar que empezaba a tener un marcado silencio, donde parecía que el mundo se había detenido.¡ No volaba una mosca! Hasta que papá notaba la tardanza de Juancito, ingresaba a la cocina y se lo llevaba otra vez a la herrería, pero no por mucho rato.
Qué leíamos? De más pequeños, Billiken, por ejemplo. Las publicaciones de Constancio C.Vigil eran maravillosas, muy de acuerdo a mi temperamento, donde yo apreciaba de verdad los escritos que daban buenos ejemplos y aparecían moralejas que me hacían pensar. Y hay que ver cómo valorábamos el material que traía Billiken: hasta la lámina dura que venía en el centro, generalmente para recortar y armar una casa, una choza, un edificio histórico, la pegábamos con ayuda de mamá y la poníamos en el mueble que era como una mesa de luz , en nuestra habitación, y así nos duraba meses. LAS COSAS SE CUIDABAN. Y por esos días mamá leía Labores , Maribel, Radiolandia, La chacra, Nocturno, Idilio, El hogar (o Campo y Hogar, no recuerdo), y otras. Ya adolescentes, leíamos El Tony, D´Artagnan, Patoruzú, (y Patoruzú de Oro), Pato Donald, Tío Rico; Mecánica Popular , Rico Tipo...
Recordar todo esto que les voy relatando, les confieso, me produce mucho dolor. Pertenece a un pasado que no volverá, pero de todo lo que menciono, lo mas doloroso es la ausencia de mi madre, tan presente en nuestra vida de antaño, tan compañera...! Volviendo a las revistas, cada una merece un agregado: El Tony fue de mis preferidas, porque traía El Fantasma de la Selva, Pepe Dinamita, Chiquito Abner..., y todos estos tenían algo en común: dibujos claros y agradables. Patoruzú de Oro fué otra buena publicación. Tenía historietas de varios dibujantes, -muchas de Divito y de Lino Palacios-, y entre las que recuerdo están El otro yo del Dr. Merengue, Pochita Morfoni, El Fantasma Benito, Don Fierro, Don Fulgencio, Fúlmine, etc. Mi padre era fanático de Patoruzú, por ver al indio noble y candoroso, y lo actualizado que estaba su dibujante, Dante Quinterno. Del Pato Donald, qué aportar a lo que ya todos saben? Recuerdo cuando el que luego sería Tribilín se llamaba Dippy, el profesor del laboratorio, ahora Girosintornillos, se llamaba Pardal, el Tío Rico era el Tío Patilludo, los Apandadores o Chicos malos eran los Hermanos Ganzúa... La Mecánica Popular de aquellos tiempos era muy útil, clara y explícita: traía simples soluciones para los inconvenientes caseros que aparecen en cualquier hogar, pero también aportaba datos de todas las novedades que se gestaban en el mundo de la investigación científica. Para el romanticismo, el libro de bolsillo Corín Tellado marcó toda una época. Y dejo para lo último un breve comentario sobre Rico Tipo. Era una publicación casi erótica, ( hoy ese término nos mueve a risa!), cuya máxima atracción fueron sus chicas. Creación de Guillermo Divito, brasilero, la revista salió con buena estrella: con diversos personajes, entre los que más gustaban: sus chicas. Estas eran unas hermosas jóvenes de generoso busto, cara bonita de boca sensual, nariz chiquita, ojos subyugantes de largas pestañas, cabellos largos , o cortos, prolijos, siempre a la moda, cintura pequeñísima, dibujada en su mínima expresión, caderas abundantes, suavemente redondeadas, muslos bien torneados que al ir bajando presentaban un pie pequeño calzado con primoroso zapato. Divito, con sus chicas de papel, aunque parezca raro, marcó tendencia en la moda femenina!
Fue una época maravillosa, y para no olvidar del todo, les agregué unas imágenes.



Agradezco la gentileza de poder reproducir las imágenes de las tapas de Patoruzú, Patoruzito y Patoruzú de Oro, a la fundación que aparece en este sitio: http://www.patoruzu-web.com.ar/






Aquellas viejas publicaciones...

1953





1958

Lino Palacios dibujó muchas tapas de Billiken






1955


19 62

19 38













19 60

19 54

El fantasma Benito







19 61





19 64


No se si en general, los lectores de este blog pueden imaginar siquiera, qué locura por la lectura que había en mi hogar paterno! Y lo digo porque se que muchos de ellos son jóvenes, y viven otras realidades, aquellas que nosotros no teníamos: televisor, celulares, juegos electrónicos, computadoras, etc.Vuelvo concretamente a nuestras horas de lectura, en las que leíamos lo que llegaba a nuestras manos. Las revistas, a pesar de nuestro pasar económico,(exiguo y medido) , eran mucho más fáciles de comprar que hoy día ; y esa facilidad se repetía en todos los hogares del vecindario. Juancito- mi hermano- y yo , leíamos historietas , o revistas para el campo o utilitarias para el hogar,(reparaciones, jardín, cocina, moda, manualidades,etc.), en realidad lo que cayera en nuestras manos, salvo que hubiera muchas para elegir, y ahí sí, había prioridades. Y mamá era apasionada de las fotonovelas y manualidades ( en ese orden), y después todo lo demás. Compartíamos esa pasión con, por ejemplo, Carlitos Larsen. Vivía a pocos metros de casa, y lo que mas le gustaban eran las novelas de amor, por lo tanto compraba muchas revistas de fotonovelas. (A esta altura quiero decirles a los mas jóvenes, que como no había otra cosa para disfrutar el género de las novelas románticas, -salvo el cine-, se fotografiaban las escenas entre los actores y se secuenciaban, casi igual al cine, pero en papel). Bueno, Carlitos, al igual que María Inés Poulsen,( en casa de los Poulsen había una habitación alta a la que sólo se accedía por una escalera apoyada en la pared exterior, y en ella, -desprovista de muebles-, cientos de revistas cubrían el piso.¡Qué paraiso!), las chicas de Toribio, y alguna otra persona que no recuerdo claramente, llegaban a casa con 10 o 15 revistas, y hacíamos el intercambio: "trajiste tantas?, tomá, llevate igual cantidad." Así todos gastábamos menos, y las revistas rotaban, sin faltarnos jamás material de lectura. Pero, cuando llegaba esta cantidad de revistas, las desparramábamos sobre la mesa de la cocina, elegíamos con desesperación, para quedarnos antes con la que mas nos gustaba, y mientras leíamos una con un ojo, con el otro estábamos vigilando la próxima que queríamos leer. Mi hermano, jovencito, trabajaba en la herrería con papá, -herrería que estaba adosada a la casa-, así que cuando veía el ingreso de material de lectura, se iba a ver lo que había y se quedaba en la cocina, lugar que empezaba a tener un marcado silencio, donde parecía que el mundo se había detenido.¡ No volaba una mosca! Hasta que papá notaba la tardanza de Juancito, ingresaba a la cocina y se lo llevaba otra vez a la herrería, pero no por mucho rato.
Qué leíamos? De más pequeños, Billiken, por ejemplo. Las publicaciones de Constancio C.Vigil eran maravillosas, muy de acuerdo a mi temperamento, donde yo apreciaba de verdad los escritos que daban buenos ejemplos y aparecían moralejas que me hacían pensar. Y hay que ver cómo valorábamos el material que traía Billiken: hasta la lámina dura que venía en el centro, generalmente para recortar y armar una casa, una choza, un edificio histórico, la pegábamos con ayuda de mamá y la poníamos en el mueble que era como una mesa de luz , en nuestra habitación, y así nos duraba meses. LAS COSAS SE CUIDABAN. Y por esos días mamá leía Labores , Maribel, Radiolandia, La chacra, Nocturno, Idilio, El hogar (o Campo y Hogar, no recuerdo), y otras. Ya adolescentes, leíamos El Tony, D´Artagnan, Patoruzú, (y Patoruzú de Oro), Pato Donald, Tío Rico; Mecánica Popular , Rico Tipo...
Recordar todo esto que les voy relatando, les confieso, me produce mucho dolor. Pertenece a un pasado que no volverá, pero de todo lo que menciono, lo mas doloroso es la ausencia de mi madre, tan presente en nuestra vida de antaño, tan compañera...! Volviendo a las revistas, cada una merece un agregado: El Tony fue de mis preferidas, porque traía El Fantasma de la Selva, Pepe Dinamita, Chiquito Abner..., y todos estos tenían algo en común: dibujos claros y agradables. Patoruzú de Oro fué otra buena publicación. Tenía historietas de varios dibujantes, -muchas de Divito y de Lino Palacios-, y entre las que recuerdo están El otro yo del Dr. Merengue, Pochita Morfoni, El Fantasma Benito, Don Fierro, Don Fulgencio, Fúlmine, etc. Mi padre era fanático de Patoruzú, por ver al indio noble y candoroso, y lo actualizado que estaba su dibujante, Dante Quinterno. Del Pato Donald, qué aportar a lo que ya todos saben? Recuerdo cuando el que luego sería Tribilín se llamaba Dippy, el profesor del laboratorio, ahora Girosintornillos, se llamaba Pardal, el Tío Rico era el Tío Patilludo, los Apandadores o Chicos malos eran los Hermanos Ganzúa... La Mecánica Popular de aquellos tiempos era muy útil, clara y explícita: traía simples soluciones para los inconvenientes caseros que aparecen en cualquier hogar, pero también aportaba datos de todas las novedades que se gestaban en el mundo de la investigación científica. Para el romanticismo, el libro de bolsillo Corín Tellado marcó toda una época. Y dejo para lo último un breve comentario sobre Rico Tipo. Era una publicación casi erótica, ( hoy ese término nos mueve a risa!), cuya máxima atracción fueron sus chicas. Creación de Guillermo Divito, brasilero, la revista salió con buena estrella: con diversos personajes, entre los que más gustaban: sus chicas. Estas eran unas hermosas jóvenes de generoso busto, cara bonita de boca sensual, nariz chiquita, ojos subyugantes de largas pestañas, cabellos largos , o cortos, prolijos, siempre a la moda, cintura pequeñísima, dibujada en su mínima expresión, caderas abundantes, suavemente redondeadas, muslos bien torneados que al ir bajando presentaban un pie pequeño calzado con primoroso zapato. Divito, con sus chicas de papel, aunque parezca raro, marcó tendencia en la moda femenina!
Fue una época maravillosa, y para no olvidar del todo, les agregué unas imágenes.



Agradezco la gentileza de poder reproducir las imágenes de las tapas de Patoruzú, Patoruzito y Patoruzú de Oro, a la fundación que aparece en este sitio: http://www.patoruzu-web.com.ar/