domingo, 18 de agosto de 2013

Ema Sanchez y Próspero Herrera, 60 años de amor...


18.08.2013 : EMA SÁNCHEZ (77) Y PRÓSPERO HERRERA (82) EL SÁBADO PASADO CUMPLIERON 60 AÑOS DE CASADOS Y REDOBLAN LA PUESTA: "¿POR QUÉ NO PODEMOS SOÑAR CON LLEGAR A LOS 70?". NO SE IMAGINAN LA VIDA EL UNO SIN EL OTRO. "SEGUIMOS ENAMORADOS, ES COMO LE DIJIMOS A DIOS: HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE", ASEGURAN (POR JUAN BERRETTA)
       





Fue amor a primera vista. Así lo aseguran los dos. También dicen que siguen enamorados. Los 60 años de casados que cumplieron el sábado pasado son prueba de eso, como también la ilusión de cumplir una década más de convivencia: "¿Por qué no podemos soñar con llegar a los 70 años juntos"?, pregunta ella. "¿Por qué no? Si nos cuidamos mucho", se suma él. 
En la sencilla casa del barrio Colegiales que comparten Ema Sánchez y Próspero Herrera todavía hay globos y un enorme pedazo de torta de la celebración del fin de semana. La cocina-comedor fue invadida por casi 30 familiares. La colaboración del carpintero que vive en frente, que prestó el tablón que se convirtió en la extensión de la mesa, y el aporte de los cuñados, los sobrinos, los nietos y consuegros, hicieron posible el festejo. "Somos jubilados, imagínese que no podíamos hacer ninguna fiesta nosotros", aclara Ema, una señora de sonrisa fresca y espontánea, sumamente agragable, nacida en Copetonas y que cumplirá 78 años el 4 de setiembre. 
Cuentan que los últimos días antes del 10 agosto parecieron tener más de 24 horas para ellos. "El me decía, 'Vieja, ya falta poco. Vamos a llegar'", cuenta Ema entre risas. "La verdad es que los últimos días se hicieron duros, uno se pone muy ansioso, pero teníamos que llegar. Y llegamos...", aporta Próspero, un hombre bonachón, menos hablador que su compañera, pero igual de amable. El nació un 9 de julio, hace 82 años, en Reta. 

Tiempo completo 
En 1946 y con 11 años, Ema y su familia dejaron Copetonas para instalarse en Reta. Tres años después comenzó el noviazgo con Próspero, que tenía 18 -era hijo de Fausto Herrera, el primer policía que tuvo el balneario-, y trabajaba principalmente como pescador. El inicio de la relación no fue sencillo: "Mis viejos no eran fáciles, no les gustaba nada", cuenta ella. Y era complicado ocultar lo que pasaba porque en ese entonces habitaban en Reta apenas cinco familias. "Fue amor a primera vista, seguro. Es así, cuando te toca te toca", asegura Próspero. Los novios dieron el sí para convertirse en matrimonio cuatro años después de haber comenzado la relación, el 10 de agosto de 1953. 
Ema y Próspero edificaron un matrimonio tiempo completo. Porque además de compartir el techo, siempre trabajaron juntos. Los primeros tiempos se dedicaron a la pesca, después se convirtieron en carniceros, para finalizar -ya viviendo en Tres Arroyos- alternando la conducción de un camión volcador. "Hasta hemos cargado piedras en el carro que yo tenía cuando recién nos casamos. No hay cosa que ella no haga. Cuando pescábamos, se metía al agua conmigo, y cargaba la red de 50 metros, y lo hacía en invierno también", destaca orgulloso Próspero.
"Justamente el otro día fui al médico y me dijo que tenía un poco de artrosis en una rodilla. Cuando volví le dije: 'Viejo, con todo lo que anduvimos con las piernas metidas en el mar en pleno invierno, con el agua helada, tendríamos que tener más problemas con el reuma'. Pero por suerte no es así", relata Ema. "Era dura la vida en Reta por aquellos días. La vida de pescador más que nada", interviene Próspero, quien también trabajó en el campo, primero, ayudando en las cosechas, luego más cerca en el tiempo, haciendo desmontes.

Carniceros
Una leve bonanza llegó para los Herrera a partir de la carnicería. Decidieron abrirla por insistencia de un familiar de Próspero y no se equivocaron: durante 18 años el negocio funcionó bastante bien, sobre todo en verano, por supuesto. Aunque, antes que nada, se trataba de una actividad sacrificada. "Yo iba al campo, me traía el animal, lo faenaba y preparaba los cortes. Hacía todo solo. Y ella le daba fuerte al serrucho, porque al principio no había electricidad y todo se hacía a mano", describe él. "Cortábamos todo con el serrucho, era mucho trabajo, y para la carne picada teníamos una maquinita que funcionaba con una manija...", se suma ella.
Viviendo en Reta nacieron las dos hijas del matrimonio. Una, llegó enseguida, al año y dos meses de casados, Ema Inés. La segunda, Lidia Emilse, demoró 16 años su nacimiento. Lamentablemente, la mayor se fue rápido (ver recuadro). La menor acaba de cumplir 42 años, vive en el campo y les dio tres nietos.
"No queríamos tener muchos hijos porque en Reta en ese tiempo no había nada, no era fácil criarlos", aclara Ema.
En 1979 decidieron mudarse a Tres Arroyos y abrir una carnicería para probar suerte en "la ciudad". Primero atendieron en un saloncito en Maipú 380, después se mudaron a Matheu 1200. Hasta que tomaron la decisión de comprar un camión volcador y cambiar de actividad. Próspero empezó a trabajar en lo de Raúl Pérez, transportando arena y materiales, claro que para que el vehículo rindiera debía hacer cuatro viajes diarios, por lo general a Claromecó y Orense. "Yo me iba a las cuatro de la mañana, volvía al mediodía, se subía Ema y mientras yo almorzaba en el camión manejaba ella. Hasta se vino una vez desde Tandil", cuenta Próspero.

Volver a empezar
Hasta fines de la década del 80 sobraba trabajo para el camión, así fue que los Herrera pudieron comprarse un terreno en Las Heras al 900 y con la ayuda de un crédito levantar la casa. "Pérez me daba los materiales y yo se los pagaba con viajes", recuerda él. Ya en los 90 la mano cambió, el trabajo mermó mucho y el matrimonio tuvo que vender la casa para terminar de pagar el crédito. Pero no se quejan. "Por suerte nos quedó algo para poder comprar esta casa, que en ese momento era una tapera", cuenta ella.
Ya en los 2000 y gracias a la ayuda de los sobrinos y la venta de la caja del camión, Próspero logró jubilarse. También lo hizo después Ema. Y siguieron estando juntos, pero ahora ya puertas adentro.
"Desde que nos casamos nunca nos separamos. Siempre fuimos los dos para todos lados", cuenta ella. "La única vez que nos separamos fue cuando viaje a 25 de Mayo a ver a un tío que estaba muy viejito. No llegó a ser una semana", recuerda Ema.
Coinciden en que el secreto para convivir tanto tiempo y tener ganas de más es que siempre fueron muy buenos compañeros, y que hay mucho amor entre ellos. "Le digo la verdad, hemos discutido como cualquier pareja, pero nunca nos peleamos", cuenta Ema. "A mí nunca se me ha pasado por la cabeza engañarlo o irme de la casa. Nos casamos muy enamorados y así seguimos hoy. Es como le dijimos a Dios: hasta que la muerte nos separe", agrega bajo la atenta mirada de Próspero. "No hay nada que hacer, cuando uno se enamora, se enamora", dice él, y le agarra la mano. Se miran y se ríen, como dos adolescentes que acaban de conocerse.
Sesenta años después, sigue siendo amor a primera vista.


Nota: Esta hermosa historia de amor, aparece en La Voz del Pueblo, ( al cual agradezco me permita compartirla), y merecía ser publicada aquí. Felicidades a ambos!!!

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